Una Agenda para
la Modernización Democrática del País
Juan
Temistocles Montás
Secretario Técnico de
la Presidencia.
Discurso ante la Cámara
Americana de Comercio
Hotel Lina, Miércoles 21 de Junio de 2006
Quiero, en primer lugar, agradecer encarecidamente
a la Cámara Americana de Comercio por esta invitación
a hablar ante tan selecto y distinguido auditorio sobre
la agenda para la modernización democrática
del país.
Me propongo en esta ocasión, hacer una rápida
evaluación del desempeño político,
económico y social de los últimos cuarenta
años, dónde estamos en término
democrático, dónde estamos en términos
institucionales, para a continuación presentar
lo que a nuestro entender es la agenda de modernización
democrática que el país tiene que poner
en marcha en lo inmediato.
Antes, quiero indicar que, por la amplitud de los
temas que me propongo tratar, los expondré no
sólo en mi calidad de Secretario Técnico
de la Presidencia coordinador del Gabinete Económico,
ni como político de muchos años, sino
también como ciudadano a quien todo lo humano
le interesa, quien ha recibido la oportunidad, a través
del ejercicio de funciones públicas, de colaborar
con una gestión de Gobierno comprometida con
servir al país y trabajar sin desmayo por su
desarrollo.
Una introducción necesaria
En sentido general, cuando hablamos de modernización
nos referimos, ante todo, a cambios cuantitativos en
los niveles de desarrollo económico, tecnológico
y cultural. Sin embargo, visto en esos términos,
la modernización por si sola no es capaz de
asegurar el desarrollo humano integral. Para ello es
necesario no solo cambios cuantitativos, sino, sobre
todo, una transformación cualitativa que permita
entre otras cosas que los dominicanos se transformen
no solo en objetos sino también en sujetos de
su propio destino.
Los niveles de urbanización, el crecimiento
económico, las obras de infraestructura, las
computadoras y el desarrollo tecnológico pueden
ayudar a la modernización de una sociedad pero
no implican necesariamente modernización democrática: ésta
no puede definirse fuera de los sujetos involucrados,
no puede definirse al margen de las personas, no puede
definirse al margen de la gente. Dicho de otra manera,
cuando hablo de modernización democrática
me estoy refiriendo a la capacidad de una sociedad
de constituir sujetos individuales y colectivo; una
sociedad moderna, como decía Garretón,
es aquella en que se constituyen sujetos, no en la
que hay mas objetos o mas tecnología.
Aun cuando la sociedad dominicana muestra signos de
modernidad, con acceso evidente a bienes y servicios
que definen mejores niveles de consumo y de calidad
de vida o mejor infraestructura que años atrás,
al mismo tiempo presenta signos de desmodernizacion
en términos de arrabalización, marginación
y una débil cohesión social.
Hablar, entonces de modernización democrática
es hablar de un proceso de cambios cuantitativos y
cualitativos que a la vez que genera infraestructura,
que a la vez que produce crecimiento económico,
que a la vez que propicia el acceso a nuevas tecnologías,
también crea las condiciones para constituir
sujetos capaces de participar en forma plena y activa
en la vida económica, política y social
del país.
El desempeño económico y social
Entre 1966 y el 2002 la producción de bienes
y servicios de la República Dominicana se multiplicó por
6, significando esto que nuestro país fue el
que mas rápido creció en la región
latinoamericana. El país que mas se le aproximó fue
Costa Rica que durante ese periodo multiplicó su
PIB por 4.75 y Brasil que lo hizo por 4.66. Lo mismo
ocurrió con el producto interno bruto per capita
que se multiplicó por 2.8, seguido por Brasil
y Costa Rica que lo hicieron por 2.21 y 2.14 respectivamente.
En el caso de Haití, país que durante
la mayor parte de ese periodo estuvo regido por dictaduras,
multiplicó su producción de bienes y
servicio en el periodo indicado apenas por 1.5 y el
producto interno bruto per capita en vez de crecer,
disminuyó al pasar de 897 dólares en
1966 a 752 en 2002. Estos valores están referidos
a dólares de 1990.
El acelerado proceso de crecimiento económico
vino acompañando de importantes transformaciones
económicas, sociales y políticas. La
República Dominicana produjo un tránsito
exitoso de su economía la cual pasó de
depender preferentemente de la agropecuaria a productos
industriales, fundamentalmente confecciones textiles
orientadas al mercado norteamericano. De igual manera,
se produjeron considerables transformaciones en el área
de las infraestructuras y en los sistemas de comunicaciones,
etc.
En el orden social mejoraron los indicadores. La esperanza
de vida al nacer pasó de 53.6 anos en 1965 a
71.4 años en 2005 y la tasa de mortalidad por
cada mil habitantes pasó de 14.7 en 1965 a 5.2
en el 2005.
Sin embargo, cuando se estudia el desenvolvimiento
dominicano llama poderosamente la atención el
hecho de que el crecimiento económico logrado
durante todos estos años no haya tenido mayor
impacto en el desarrollo humano del país. Países
con menor crecimiento económico lograron mejores
resultados en este sentido durante el periodo en cuestión.
Tras la importancia que adquirieron en la década
de los ochenta las políticas macroeconómicas
en la agenda de desarrollo de los países latinoamericanos,
la República Dominicana puso en marcha programas
de ajuste y una serie de reformas estructurales que
contribuyeron a generar un proceso de crecimiento vigoroso
durante la década de los noventa. Ese proceso
propició una importante reducción del
nivel de pobreza, se incrementó el nivel de
vida de la población lo que permitió que
importante segmentos poblacionales accedieran a bienes
y servicios propios de la vida moderna.
Sin embargo, todos esos avances se tiraron por la
borda con la crisis macroeconómica y bancaria
del 2003, cuyo manejo condujo a un empobrecimiento
de amplio sectores poblacionales del país. Hoy,
el país sigue siendo pobre y así los
perciben los dominicanos que en el último Latinobarómeto,
correspondiente al 2005, se colocaban en la posición
3.34, en una escala de 1 a 10, representando esta valoración
una de las mas bajas de toda América Latina.
Es una valoración que se corresponde con el
dato aportado por el Banco Mundial en un reciente trabajo
sobre la pobreza en nuestro país, elaborado
en base a una encuesta celebrada en octubre del 2004,
que da cuenta de que 42 de cada 100 dominicanos vivían
en la pobreza y que 16 de cada 100 dominicanos vivían
en pobreza extrema.
De igual manera, la desigualdad, medida por el coeficiente
de Gini en vez de mejorar lo que ha hecho es empeorar.
Mientras en 1970 el coeficiente de Gini era 45%, en
el 2004 el valor de este coeficiente estaba en alrededor
de 52%, lo que significa que a lo largo de estos años
la distancia entre los ricos y los pobres se ha hecho
mas grande. El coeficiente de Gini mide la desigualdad
en la distribución de los ingresos cuyos valores
oscilan entre 0, igualdad perfecta, y 1, concentración
de todos los ingresos en una persona.
¿Y que con la democracia?
Por el lado de la democracia, puede decirse que la
República Dominicana ha experimentado a lo largo
de los últimos cuarenta años una importante
experiencia, que es la más extensa y duradera
de toda su historia republicana. Desde 1966 se han
celebrado once elecciones presidenciales y con las
excepciones ocurridas en 1970 y 1974, todas pueden
ser caracterizadas como razonablemente libres y competitivas.
Pero si tuviéramos que caracterizar la democracia
dominicana de todos estos años, diríamos
que se trata de una democracia defectuosa. En algunos
momentos no han funcionado los “pesos y contrapesos” (checks
and balances) por el dominio ejercido por el ejecutivo
sobre el poder legislativo y además por la falta
de independencia y poder real de la Justicia; en otros
momentos no han funcionado los mecanismos del Estado
de Derecho, violándose las libertades públicas,
como la libertad de opinión, de información
y de asociación, que forman parte esencial de
los derechos de participación política.
También ha habido falencias en el ámbito
de las garantías de las libertades de los ciudadanos
frente al Estado, representados por los derechos civiles
y humanos, el acceso libre y eficiente a las instituciones
del Estado de Derecho y el principio de revisión
judicial de las leyes.
Una democracia no defectuosa es aquella que se sustenta
en los valores y principios de lo que se conoce como
constitucionalismo liberal. Esos valores y principios
son el Estado de Derecho, el respeto a los derechos
de propiedad, la libertad de organización, la
libertad de expresión y la libertad de culto.
Si bien es cierto que al día de hoy nuestro
país no muestra falencias importantes en los
tres últimos, si registramos serias falencias
en los dos primeros. Insistir en el cumplimiento de
la ley por parte de todos y cada uno de los ciudadanos
-sin excepciones- y en el respeto a los contratos y
a los derechos de propiedad constituyen hoy por hoy
dos de los más grandes retos que debemos enfrentar
como país para construir una sociedad moderna
Entender el desarrollo democrático del país
pasa por entender la Constitución del 28 de
noviembre de 1966. Esa Constitución, con todo
y los cambios introducidos en 1994 y posteriormente,
ha regido la vida política del país durante
los últimos cuarenta años. Aunque en
su texto se mantiene lo esencial del régimen
político presidencial, la misma puede ser caracterizada
por un déficit democrático importante
así como por una tímida apuesta al desarrollo
político-institucional.
En lo referente al déficit democrático,
el ciudadano aparece como un sujeto de derechos individuales
sin contrapartidas garantistas a la exigibilidad y
cumplimiento de los mismos ni con recursos ni con procedimientos
expeditos como hoy día lo permite el recurso
de amparo, mecanismo que permite al ciudadano reclamar
ante los tribunales la tutela efectiva de derechos
fundamentales que le hayan sido conculcado o desconocido
por actuación u omisión de la administración
publica. En esta Constitución se omiten los
derechos económicos y sociales y la participación
de la ciudadanía en la democracia se limita
al ámbito electoral pues su rol en la toma de
decisiones y en el control efectivo de la gestión
pública es prácticamente inexistente.
En lo que tiene que ver con el desarrollo político-institucional,
hasta 1994, uno de los elementos destacables era el
control de la Justicia por el Senado con el nombramiento
y remoción de los jueces, la desaparición
de la inamovilidad y de la carrera judicial que se
había instaurado en 1963. Aun hoy, los riesgos
de politización y partidarizacion del desempeño
institucional se reflejan también en el rol
del Senado en el nombramiento de los miembros de la
Junta Central Electoral.
Sin embargo, en el marco de esa democracia “iliberal” se
ha ido produciendo avances importantes en términos
de protección a los derechos humanos y libertades
políticas individuales y se han ido mejorando
algunas de las instituciones del régimen democrático.
Puede decirse que en nuestro caso la experiencia del
régimen democrático durante estos años,
con todas sus imperfecciones, rechaza el mito de que
los gobiernos autoritarios son superiores en materia
de estabilidad política y reforma económica.
Una rápida comparación de lo que ha significado
la democracia en términos sociales y económicos
para los dominicanos con lo que significó la
era de Trujillo nos permite aprobar la afirmación
anterior.
El problema institucional
Cabe señalar que durante todos estos años
una de las características clave del desempeño
económico del país ha sido el carácter
volátil del mismo. Hemos tenido importantes
fases de expansión que han sido seguidas por
fases breves pero peligrosas de retrocesos, las cuales
han impedido el mejoramiento de la tasa de empleo,
de los salario, del nivel de pobreza y de la distribución
del ingreso. La década de los setenta, caracterizada
por un impresionante crecimiento económico y
una considerable reducción de la pobreza fue
seguida por la década de los ochenta que se
caracterizó por el estancamiento económico
con agravamiento de la pobreza. La década de
los noventa fue también una década de
alto nivel de crecimiento económico, con mejoría
en las condiciones de vida y con una no despreciable
reducción de la pobreza, pero esta fue seguida
por cuatro años de reducción del crecimiento
y de graves inestabilidades económicas que aumentaron
considerablemente el nivel de pobreza.
¿Cuál es la respuesta a esos altibajos
del desempeño económico? ¿Como
explicarlo? Pudieran haber muchas interpretaciones
sobre las causas de estos problemas, pero estamos completamente
seguro que un factor determinante de esta problemática
radica en las carencias institucionales o en la falta
de una institucionalidad adecuada.
Por la falta de una institucionalidad adecuada en
el sector financiero se generaron los problemas bancarios
del 2003. De igual manera, la inobservancia de lo establecido
en la Ley Monetaria llevó a un oneroso rescate
bancario cuyo costo hoy recae sobre toda la población
dominicana, lo que ha traído consigo un aumento
de un millón y medio de pobres en la República
Dominicana. En lo relativo al sector financiero, téngase
presente que el Financial Sector Assessment Program,
FSAP, hecho por el FMI y el Banco Mundial a finales
del 2001 puso de manifiesto que el sistema de supervisión
bancario dominicano no cumplía ninguno de los
25 principios y 5 sub principios básicos de
Basilea para una efectiva supervisión bancaria.
En ese contexto no se podía esperar que la Superintendencia
de Bancos pudiera detectar las irregularidades del
sistema bancario.
Es la debilidad institucional la que permite la penetración
de intereses particulares en el Estado, que impiden
la toma de decisiones oportunas y adecuadas, que fomentan
la elevación de los costos de transacción
al estimularse el tráfico de prebendas y el
comportamiento corrupto dentro de la administración
gubernamental. La incertidumbre y la inseguridad que
esto crea y las arbitrariedades que trae consigo es
lo que crea inseguridad en los actores económicos,
imponiendo costos más elevados a la actividad
económica y al funcionamiento de mercados abiertos
y competitivos.
Es la incertidumbre institucional, producto de un
marco institucional volátil y poco transparente,
la que trae consigo la imprevisibilidad en la definición
de los derechos de propiedad, cambios en la interpretación
de los marcos regulatorios, manejo discrecional del
tipo de cambio y de las tasas de interés, la
inconsistencia en el cumplimiento de los contratos,
la manipulación del poder judicial y la corrupción.
Es la incertidumbre institucional la que permite que
muchos de los asuntos públicos sean manejados
de manera discrecional y que la ley se aplique de modo
arbitrario: “La ley para mis enemigos....para
mis amigos la comprensión” era una frase
célebre que solía emplear el dos veces
ex-Presidente de Chile (1927-1931 - 1952-1958), Carlos
Ibáñez del Campo, cuando se refería
a las expectativas con que muchos de sus conciudadanos
acudían a su despacho en la búsqueda
de soluciones para sus problemas individuales.
La relevancia de la Política
Es por eso, que hoy entendemos que es necesario poner
la reforma institucional en el primer lugar de la agenda
para el desarrollo de nuestro país, incluyendo
como uno de sus componentes básicos la reforma
del sistema político. Este es relevante para
la agenda de desarrollo porque es el que define las
reglas del juego que determinan la interacción
de los actores involucrados en el proceso de toma de
decisión, porque también es donde se
sitúan las instituciones encargadas de producir
las leyes y normas que regulan la vida social y por
tanto es el lugar donde se elabora el marco institucional
básico dentro del cual operan las organizaciones
publicas y privadas y, porque el sistema político
constituye el elemento simbólico por excelencia
de conexión con la política y, por ende,
es respecto a el que se construyen y definen las actitudes
y valores de los ciudadanos en su relación con
la política.
Las percepciones que tienen los dominicanos sobre
el sistema político es el dato más contundente
que apoya la necesidad y la urgencia de reformarlo.
Al igual que en la generalidad de los países
latinoamericanos, la característica mas resaltante
de las actitudes de los ciudadanos dominicanos es el
sentimiento positivo con relación a la democracia
frente a la percepción negativa en relación
a su funcionamiento y a las instituciones del Estado.
Según los datos aportados por el último
Latinobarómetro en el 2005, el 60% de los dominicanos
consideraba que la democracia era preferible a cualquier
otra forma de gobierno y un 71% decía que bajo
ninguna circunstancia apoyarían un gobierno
militar. Junto a esa preferencia el 57% de los dominicanos
decía no sentirse satisfecho con el funcionamiento
de la democracia, solo un 36% creía en la limpieza
del proceso electoral y un 37% consideraba que el cohecho
se da en los procesos electorales.
No obstante la preferencia de los dominicanos por
la democracia, el grado de confianza con relación
a las instituciones del Estado y del sistema político
es extremadamente bajo. Según datos de encuestas
recientes es muy alto el porcentaje de dominicanos
que tiene poca o nula confianza en la mayoría
de las instituciones del sistema político, entiéndase,
Justicia, Policía, Congreso, Partidos Políticos,
etc., lo que confirma que la mayor parte de la responsabilidad
por el descontento que los dominicanos tienen hacia
el funcionamiento de la democracia le corresponde al
sistema político lo que abona el criterio de
la necesidad de reformarlo, haciéndolo mas próximo
a los ciudadanos, mas efectivo, mas inclusivo, mas
responsable y mas sensible a los problemas del desarrollo.
Son esas realidades las que nos conducen a establecer
que aunque la democracia ha triunfado, tal y como decía
Ramoneda, su alma... la Política… continua
fallando. No solo porque sus resultados en el campo
social y de defensa de derechos civiles y libertades
publicas exhiben aun muchos saldos en rojo, sino porque
claudica frecuentemente frente a los embates siempre
contundente del poder económico.
Hoy estamos frente a un redescubrimiento de la importancia
de las instituciones para el desarrollo, pero ese redescubrimiento
no debe hacernos olvidar que no hay buenas instituciones
sin buena política. Instituciones sin considerar
los valores, la cultura y la política son meras
organizaciones. Si las instituciones importan para
el desarrollo, la política también importa
para el desarrollo. Es la política la fibra
mas intima que vincula instituciones y desarrollo.
Fernando Enrique Cardoso señalaba recientemente
que sin la reforma política no habrá avances
ni sostenibilidad en la reforma económica, ni
en la social, ni en la del Estado. Una buena parte
del poco rendimiento de las reformas económicas
implementadas en América Latina en los últimos
años tiene que ver con el pobre funcionamiento
de las instituciones del régimen democrático.
Es por eso que hay que producir cambios cualitativos
en el funcionamiento de nuestro sistema político
si queremos lograr, además de la vigencia efectiva
de los principios democráticos en lo político,
la consecución del desarrollo económico
y social. Tenemos que alentar un importante cambio
que tienda a elevar sustancialmente la cultura política
democrática y la calidad del funcionamiento
institucional y hay que poner énfasis en la
modificación del sistema educativo para lograr
una eficiente formación democrática a
largo plazo.
La reforma política y constitucional
Abordar el tema de la política implica empezar
por los partidos políticos y aquí quiero
recordar lo señalado por un gran constitucionalista
francés, quien expresó que no puede discutirse
hoy la importancia de los partidos políticos
en las democracias constitucionales, pero ellas pueden
enfermar o perecer a causa del mal funcionamiento de
aquellos.
Los partidos políticos tienen funciones claves
en el sistema democrático. Reclutan y seleccionan
el personal político y gubernamental; socializan
las diversas opciones políticas y construyen
consensos y disensos; son canales indispensables, aunque
no exclusivos, de la representación política.
Los partidos son instrumentos importantes para la generación
de gobiernos y para el control democrático de
los gobiernos. Son ellos los que controlan el acceso
al poder y el proceso de elaboración de las
políticas públicas, razón por
la cual la forma como funcionen, como se estructuran
y cuales son sus rasgos determinará en gran
parte el desempeño y la calidad de la democracia.
Es por eso que hay que prestarles atención
a los partidos políticos. Lo que nosotros planteamos
es promover un amplio consenso sobre la reforma del
sistema de partidos que incluya mas democratización
interna de cada uno de ellos, que aborde el delicado
tema del financiamiento de los partidos y de las campañas
electorales, que defina un código de ética
de sus integrantes, que regule las campañas
internas y la duración de las campañas
presidenciales y las congresionales y municipales,
que comprometa a los diferentes partidos a elevar el
nivel del debate público, a educar a sus miembros
y a definir los contenidos de sus programas, etc.
Max Weber exigía para los políticos
formación, capacidad, experiencia y vocación.
A su vez, Ortega y Gasset llegó escribir como
ejemplo de políticos a Julio Cesar y Napoleón,
personajes que alcanzaron una extraordinaria conjunción
de inteligencia, cultura y capacidad de acción,
logrando la síntesis que planteaba Bergson: “pensar
como hombre de acción y actuar como hombre de
pensamiento”
La calidad de la dirigencia política se relaciona
estrechamente con las de los representados, pues de
allí emerge aquella. En consecuencia no cabe
dudar que también estemos en una situación
crítica en República Dominicana en aspectos
culturales, educativos y morales, lo que afecta profundamente
a la sociedad en su conjunto. Es por ello que hay que
realizar un enorme esfuerzo para sentar las bases de
una verdadera cultura política democrática,
con sujetos sociales capaces de articular demandas
y sopórtalas, que es la única manera
de cambiar en profundidad la realidad política
de nuestro país.
Uno de los datos preocupante de Latinobarometro es
que muestra la poca cultura cívica de los dominicanos.
En efecto, solo un 31% de los encuestados dijo que
conocía mucho o algo de la Constitución,
mientras que más de un 65% expresó que
conocía poco o nada de ella. Mayoritariamente,
los dominicanos opinan que esta se cumple poco o nada
y son menos los que se dicen concientes de sus obligaciones
y deberes.
Alguien sostenía que la educación para
la democracia era la primera obligación de la
misma y en consecuencia se deben enseñar los
valores y principios de la democracia, de la libertad,
de la igualdad, de la responsabilidad, de la tolerancia,
de la solidaridad y del respeto a la Ley, a la Constitución
y a los derechos humanos.
Ese proceso de educación cívica y democrática
debe impartirse en todos los ciclos de la educación
formal como en el informal, a partir de los medios
de comunicación. Los partidos políticos
y el propio Estado deben poner énfasis en el
cumplimiento de esta tarea.
Pero no es posible hablar del sistema de partidos
sin hablar del sistema electoral. Este marca las reglas
del juego político, fija ciertos constreñimientos
y modela el comportamiento de los distintos actores
políticos. Por esta razón, ésta
es una de las instituciones claves del sistema político
que hay que tener muy presente. En lo que tiene que
ver con la República Dominicana lo verdaderamente
cierto es que hay que lograr que sistema electoral
sea transparente, eficaz y que las autoridades electorales
sean independientes. La falta de autoridades electorales
independientes es lo que explica la persistencia y
recurrencia de los traumas electorales, tanto en las
elecciones presidenciales como en las congresionales
y municipales.
Es por eso que abogamos por una reforma del sistema
electoral que propicie que los miembros de la Junta
Central Electoral sean elegidos mediante un procedimiento
en que predominen el consenso y la participación
de todos los sectores de la Nación, eliminando
el exclusivo poder de decisión que en su designación
posee el Senado de la República.
El actual sistema para elegir los legisladores tiene
una clara orientación a fomentar que la personalidad
del candidato cuente más que el partido. La
necesidad de lograr la victoria lleva a los partidos
a buscar candidatos que sean atractivos aun cuando
no tengan ninguna formación política.
La experiencia que estamos viendo, tanto aquí como
en otros países, es que fomentar la personalidad
del candidato lo que genera es clientelismo en extremo
y, porque no decirlo, la corrupción. El candidato
seleccionado se ve obligado a compromisos que adquiere
a través de las ayudas que recibe durante la
campaña para poder asegurar su clientela. De
esta forma, lo que termina primando en las elecciones
es quien tenga más capacidad para mover dinero.
Una reforma a la ley electoral tendrá que tener
esto muy en cuenta.
Si queremos que la democracia no sea puesta en venta
o a disposición del mejor postor en el mercado,
hay todavía mucho campo de acción en
el sistema electoral dominicano. Hay que evitar que
los torneos electorales se conviertan en una competencia
en donde el dinero es el que decide quien es el que
gana. Nunca debe olvidarse que el sistema electoral
es el instrumento más susceptible de manipulación
de la política.
Como ya expresé, uno de los temas que hay que
abordar es el límite de las campañas
electorales a fin de evitar mayores gastos. Hay que
reducir el tiempo y el costo de las campañas
para modificar el dispendio de gastos que se observa
en el país. Hay que asegurar un acceso igualitario
a la propaganda por televisión ya que es el
medio más caro y el más decisivo.
Frente a la conflictiva relación entre política
y dinero, fuente de corrupción en los sistemas
políticos, incluso en democracias más
avanzadas que la nuestra, se impone tratar de consagrar
la mejor legislación posible, que asegure la
mayor transparencia. Soy de los que creen que hay que
establecer limitaciones a la financiación privada
de los partidos.
La cuestión judicial y la cuestión
constitucional
Un proceso de modernización democrática
requiere un sistema judicial independiente, confiable,
fuerte, eficiente, equitativo y moderno que no solo
asegure un ambiente propicio para la inversión
y el crecimiento, sino que garantice la legitimidad
a la hora de asegurar el acceso a la justicia y la
protección de los derechos fundamentales. Está comprobado
que el éxito de la reforma del Poder Judicial
se sustenta en su efectiva independencia. Sin ésta
no hay Estado de Derecho y sin Estado de Derecho no
hay condiciones para el funcionamiento eficiente de
una economía de mercado que garanticen la seguridad
y la previsibilidad jurídica y política.
Nosotros estamos comprometidos con el fortalecimiento
de la independencia del Poder Judicial y creemos que
los subsiguientes pasos de la reforma de este poder
del Estado tiene que orientarse al desarrollo de mecanismo
que logren vincular la vigencia del Estado de Derecho
a la protección de los derechos fundamentales
de los ciudadanos, así como su capacidad de
acceso a los sistemas de justicia. Hay que hacer hincapié en
aquellos procesos y jurisdicciones con impacto directo
en la seguridad jurídico económica.
Por otro lado, estamos comprometidos con impulsar
la aprobación de una carta sustantiva moderna,
democrática y participativa, que reafirme los
principios en que se fundamenta el Estado de Derecho
en la República Dominicana. Esa nueva Constitución
deberá incorporar el Recurso de Amparo y la
creación del Tribunal de Garantía Constitucionales
como entidades llamadas a garantizar los derechos ciudadanos,
ampliar las atribuciones del Consejo Nacional de la
Magistratura, incluir en la Carta Magna la figura del
plebiscito y el referéndum, modificar el procedimiento
de elección de la Cámara de Cuentas,
buscando una conformación plural y de consenso
que garantice la credibilidad de sus actuaciones.
La reforma de la administración publica
En materia de reforma y modernización de la
Administración Publica, tenemos grandes retos.
En ese orden, hay que replantearse el servicio civil
en el país, toda vez que entendemos que la profesionalización
de la Función Pública a partir de los
principios de mérito, la estabilidad y la carrera
administrativa de los recursos humanos que ocupan posiciones
técnicas en la administración pública
son elementos fundamentales para la gestión
de los Estados modernos.
Es por ello que ya hemos elaborado el Proyecto de
Ley de Función Pública que procura sustituir
la vigente Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa
y superar así sus falencias y limitaciones.
Consciente de la relación de seguridad jurídica
y administración pública, se ha elaborado
un Proyecto de Ley que Regula la Actividad de la Administración
Pública y su Control por los Tribunales, con
el cual se pretende establecer procedimiento administrativo
que regularán todo lo relativo a la materialización,
efectos, eficacia, nulidad, impugnación, etc.,
de los actos administrativos, y, además, modificará la
juridiscción contencioso-administrativo a los
fines de darle coherencia, racionalidad organizativa
y jurídica.
Sobre los gobiernos municipales
En nuestro país tenemos dos niveles de gobierno:
el gobierno central y el gobierno municipal. Los municipios
constituyen la unidad política primaria de la
organización del Estado y se rigen por el principio
de autonomía, la cual consiste básicamente
en la elección popular de sus autoridades, la
administración, organización y ejecución
de los servicios municipales, entre otros. Es la unidad
territorial donde vive la gente, y donde expresa sus
demandas por más y mejores servicios públicos,
más infraestructura básica, más
salud, más educación, empleo, seguridad,
etc.
Estamos comprometidos a emprender y/o profundizar
una serie de acciones dirigidas a que los municipios
se fortalezcan con capacidad política, técnica
y financiera para resolver los problemas de la vida
cotidiana de los ciudadanos. Para tal fin, el régimen
municipal debe disponer de un marco legal y regulatorio
moderno que implique verdadera transferencia de competencia
y responsabilidades a los gobiernos locales y que establezca
claramente sus competencias, funciones y responsabilidades.
Pero al mismo tiempo, habrá que dotar a los
ayuntamientos de suficientes capacidades técnicas
e institucionales mediante la creación de mecanismo
de información y planificación municipal,
la formación de personal técnico municipal,
la carrera administrativa municipal, la transparencia
en la gestión financiera, el fortalecimiento
de la base tributaria municipal y la participación
comunitaria para que exista el diálogo necesario
entre autoridad y ciudadanía en la construcción
de mejores condiciones de vida y desarrollo.
Todas estas reformas constituirán el sustento
en el que se apoyará la modernización
democrática a que aspiramos.
La reforma económica
La situación económica del país
ha mejorado considerablemente en los últimos
dos años, pero el desempleo y la pobreza se
mantienen en niveles muy altos y las disparidades entre
ricos y pobres son muy grandes como ya hemos visto.
Coincido con todos aquellos que reconocen que no hay
soluciones rápidas ni fáciles; lo que
se necesita es poner en marcha un proceso de reformas
sin pensar en soluciones cortoplacistas e inmediatitas.
Esto conlleva forjar un consenso político en
torno a políticas que faciliten el crecimiento
y el mejoramiento de la situación social del
país que perdure en el tiempo.
Sigue siendo una prioridad el saneamiento de las finanzas
públicas para lo cual hay que adoptar medidas
que mejoren la sostenibilidad de la deuda pública.
Eso implicará en algunos casos ampliar la base
impositiva, mejorar la estructura de la deuda y fortalecer
la gestión del gasto público. Las experiencias
acumuladas de procesos de consolidación fiscal
muestran la necesidad de lograr superávit presupuestario
que sea sostenible, y no basado en recortes poco realistas
del gasto o impuestos que provocan distorsiones y socavan
la eficiencia y el crecimiento, y que a la larga tienen
que dejarse de lado, como muy bien expresaba recientemente
Rodrigo Rato. En el caso dominicano esta afirmación
tiene mayor validez debido a la necesidad de que el área
fiscal contribuya a una solución del problema
del cuasi fiscal del Banco Central. De esto se desprende
la necesidad de contar con instituciones fuertes que
respalden una política fiscal prudente.
En esa línea es que el actual gobierno ha venido
actuando y es lo que explica la serie de reformas que
ha sometido a la consideración del congreso
nacional. Entre esas reformas podemos mencionar aquellas
que promueven una modificación de la Administración
Financiera del Estado, entre las que se encuentran
nuevas leyes de presupuesto, planificación e
inversión pública, compras, contrataciones
y licitaciones públicas, control interno, modificación
de la ley monetaria y financiera y las leyes de autonomía
de la Dirección de Impuestos Internos y la Dirección
General de Aduanas
También hay que mencionar los proyectos que
promueven la transformación de la Secretaría
de Estado de Finanzas en la Secretaría de Estado
de Hacienda y el Secretariado Técnico de la
Presidencia en la Secretaría de Estado de Planificación
y Desarrollo.
Todas estas reformas buscan lograr: 1) centralización
de los ingresos, gastos y crédito en una única
Secretaría de Estado y minimizar la discrecionalidad
del Poder Ejecutivo en el manejo de la política
de gasto; 2) asegurar un fuerte control del crédito,
interno y externo, con la creación del Consejo
de Deuda, en el marco de la nueva Ley de Crédito
Público; 3) crear un sistema de planificación
de mediano y largo plazo, a través del presupuesto
plurianual, y presupuesto evaluable por resultados,
y crear regiones únicas de planificación;
4) modernizar el sistema de tesorería, mediante
la creación de la cuenta única, la eliminación
del monopolio de servicios bancarios por parte del
banco comercial del Estado y la asunción del
rol de ordenador de pagos; 5) hacer mas independiente
del ciclo político la permanencia del Gobernador
del Banco Central, el Superintendente de Bancos y los
miembros de la Junta Monetaria en sus posiciones; 6)
crear un sistema de compras, contrataciones y licitaciones
consistente con las mejores prácticas y los
acuerdos comerciales vigentes y por negociar (DR-CAFTA,
Unión Europea)
Un logro importante de esta administración
ha sido la reducción de la inflación
a niveles por debajo de dos dígitos. El objetivo
principal de la política monetaria debe ser
asegurar y afianzar los logros en este campo ya que
una inflación alta incide en el crecimiento
económico y agrava la desigualdad en la distribución
de la riqueza ya que los costes de la inflación
tienden a recaer de manera desproporcionada sobre los
pobres. Para asegurar la continuidad en el mantenimiento
de la estabilidad de precios, la Autoridad Monetaria
deberá propiciar la modernización de
la política monetaria mediante el establecimiento
de estrategias basadas en metas de inflación
como forma de mejorar la transparencia de la política
monetaria y la rendición de cuenta sobre el
logro de sus objetivos.
El sector financiero tiene que dejar de ser una fuente
de vulnerabilidad y convertirse en los cimientos de
la solidez económica, capaz de generar de forma
sostenida el ahorro financiero y el crédito
que son vitales para apuntalar el crecimiento. En ese
sentido, el gobierno dominicano está comprometido
con afianzar una mejor regulación y supervisión
bancaria, mejorar las normas contables y de auditorias
y propiciar mayor independencia de la Superintendencia
de Bancos.
En resumidas cuentas, a fines de mantener la estabilidad,
las reformas en el área económica apuntaran
hacia lograr: reglas fiscales claras y austeras; flexibilidad
cambiaria; estricta regulación bancaria e independencia
de la Superintendencia de Bancos; prudencia en el endeudamiento
de corto plazo en moneda extranjera; y un Banco Central
mas independiente y mas transparente.
La reforma del comercio exterior
La reforma institucional en el área del comercio
exterior abarca cuatro áreas relevantes: aduanas,
facilitación de exportaciones, negociaciones
comerciales y administración de tratados comerciales.
Tradicionalmente, la gestión aduanera en la
República Dominicana ha sido una de las materias
de mayor atraso en la administración pública.
Ello ha implicado que ésta se haya caracterizado
por largos períodos de espera para desaduanar
las mercancías, y discrecionalidad y escasa
transparencia de la gestión. Las consecuencias
han sido elevados costos para toda la economía,
escasa competitividad de las empresas nacionales en
los mercados domésticos e internacionales, y
elevados grados de corrupción administrativa.
Es por ello que el programa de reforma institucional
del sistema aduanero dominicano tiene como propósitos
la modernización de la gestión aduanera
que incluye el fortalecimiento de la gestión
fiscal, la facilitación del comercio y el despacho
expedito de mercancías, y el fortalecimiento
de la transparencia de la gestión aduanera.
El pilar de la reforma aduanera en la República
Dominicana lo constituye la ley de autonomía
legal y financiera de la Dirección General de
Aduanas (DGA) que permitirá dotar a esa dependencia
de la flexibilidad, el poder y los incentivos necesarios
para maximizar las recaudaciones fiscales reduciendo
la evasión tributaria, y agilizar el despacho
de la mercancía a niveles nunca antes registrados
en el país debido a que mayor tiempo de espera
implicará mayores costos para el aparato productivo
y el Estado dominicano.
En materia de facilitación de comercio, la
República Dominicana ya ha dado pasos muy relevantes
que permitirán reducir los costos administrativos
para el sector exportador. En ese sentido es necesario
destacar la puesta en marcha del sistema de Ventanilla Única
de Exportaciones que está permitiendo unificar,
automatizar y agilizar las actividades que realizan
las distintas entidades gubernamentales y privadas
involucradas en actividades relacionadas con la exportación,
reduciendo los gastos de las empresas exportadoras.
Un elemento clave de las transformaciones en este aspecto
será expandir la cobertura y consolidar el sistema
de Ventanilla Única.
Igualmente, las reformas que nos proponemos buscan
implementar de manera definitiva la ley 84-99 de fomento
a las exportaciones que permitirá reducir la
carga fiscal para las actividades de exportación,
evitando que continuemos con la costosa práctica
de exportar impuestos.
Finalmente, otra área de cambio institucional
relevante para la facilitación de exportaciones
que prevemos es la conversión y fortalecimiento
de Centro de Exportación e Inversión
de la República Dominicana (CEI-RD) en un verdadero
promotor de las exportaciones, volcándose hacia
las plazas comerciales internacional con mayor potencial
para la República Dominicana.
Precisamente este proyecto también proveerá recursos
para la reforma y el fortalecimiento de la gestión
de negociaciones comerciales, un área de vital
importancia para el comercio exterior en la medida
en que los acuerdos comerciales están jugando
un rol central en la definición de la política
comercial y de desarrollo. En efecto, a pesar de que
el país ha negociado ya cuatro acuerdos comerciales
modernos, tres de ellos de libre comercio (incluyendo
el DR-CAFTA), y está en vías de negociar
un quinto acuerdo, éste comercial y de cooperación
con la Unión Europea, no cabe dudas de que el
país resiente no poder contar con instancias
negociadoras capaces y estables, que logren articular
de manera efectiva los esfuerzos de diferentes instancias
del Estado, y que le otorguen un sentido de largo plazo
y de desarrollo a los procesos de negociación
de acuerdos comerciales. Por lo tanto, nuestra pretensión
es fortalecer las capacidades técnicas y de
coordinación política de la Comisión
Nacional de Negociaciones Comerciales (CNNC), instancia
responsable de la definición y ejecución
de la política de negociaciones comerciales
en la República Dominicana. Las transformaciones
en la forma de operar de la CNNC deberán otorgarle
a ésta la fuerza y el rango que ameritan las
tareas que tiene encomendada.
Por último, con respecto a la administración
de los acuerdos comerciales, es un área que
más que reformar habrá que construir.
La experiencia del país en esta materia es limitada
por lo que la misión que tenemos es crear las
capacidades institucionales para cumplir con las obligaciones
asumidas y exigir el cumplimiento de las obligaciones
asumidas por nuestros socios comerciales. Esto implicará fortalecer
las capacidades de coordinación interinstitucional,
en la medida en que la implementación concreta
de los acuerdos recae sobre instituciones específicas
(por ejemplo la DGA, la ONDA, la ONAPI y la Secretaría
de Agricultura), pero también las capacidades
técnicas que permitan la evaluación del
cumplimiento por parte de nuestros socios y la autoevaluación.
Reformar y construir en esta área no es una
opción sino una obligación, en la medida
en que partes crecientes de nuestro comercio exterior
estarán sujetos a acuerdos de libre comercio.
Pero esto también requerirá poner en
marcha la ley cuyo cumplimiento está llamado
a proteger al país de prácticas comerciales
desleales, esto es la Ley 01-02 sobre Prácticas
Desleales de Comercio y Medidas de Salvaguardia. Actualmente,
esta ley es letra muerta desde su promulgación
en 2002. Por lo tanto es de vital importancia que el
gobierno ponga en funcionamiento las instancias que
dicha ley prevé. Si uno de los temores que los
acuerdos de libre comercio han despertado es con respecto
al impacto productivo que pueda tener en el país
la apertura comercial con respecto a socios comerciales
que subsidian y ofrecen significativas ayudas internas
a sus sectores productivos, entonces la necesaria respuesta
debe ser construir las capacidades para defendernos
de aquellas prácticas que puedan ser ilegales.
En este aspecto hay que reconocer que, dada la complejidad
técnica de la materia, el esfuerzo deberá ser
inmenso.
Las reformas sociales pendientes en la República
Dominicana
En lo social el Gobierno y la sociedad dominicana
tienen dos grandes desafíos. El primero, el
de avanzar en la reforma institucional de la política
social para garantizar la entrega de servicios sociales
de manera eficiente, transparente, participativa, equitativa
y sostenible. El segundo, profundizar las reformas
en marcha, en particular, en los sectores educación,
salud y seguridad social, para así ir construyendo
un país con una mayor cohesión e inclusión
social.
Para todo es conocido que la política social
en nuestro país ha sido el área más
débil de la gestión gubernamental de
los últimos 50 años, en un país
que ha logrado generar riqueza por encima de la media
de los países de la región. La calidad
del gasto público es cuestionable y la asignación
ineficiente. Ha hecho falta integralidad en los programas
sociales y un mayor enfoque hacia los resultados.
Como lo indican múltiples estudios realizados
en la región, la política social y el
crecimiento económico están íntimamente
asociados al logro del bienestar. Si bien es cierto
que el crecimiento económico crea riqueza y
amplía las posibilidades para generar bienestar
en la sociedad, la política social contribuye
a la distribución más equitativa de la
riqueza, creando, además, las capacidades necesarias
para una población más productiva, elevando
así la competitividad de la nación.
De esta manera, la política social en la República
Dominicana tiene que transformarse para que contribuya
efectivamente al logro del objetivo máximo de
desarrollo. Cinco aspectos son fundamentales.
El primero, la necesidad de una visión de largo
plazo de la política social, en la que se definan
los grandes lineamientos estratégicos y prioridades
nacionales en consonancia con los objetivos de la política
económica. Y es que gran parte de los resultados
sociales no son visibles en el corto plazo. En algunos
casos se requieren años para lograr mejoría
significativas en indicadores básicos como escolaridad
promedio, esperanza de vida, por lo que se hace necesaria
la continuidad en el tiempo.
El segundo aspecto es la necesidad de fortalecer los
espacios y mecanismos para una mayor articulación
e integralidad de los diferentes componentes de la
política social. A la política social
hay que dotarla de mayor coherencia interna y capacidad
de generación de sinergia para mayores y mejores
resultados. Los esfuerzos de reorganización
del Gabinete Social en el presente Gobierno apuntan
a este objetivo.
El tercer aspecto es la promoción de la transparencia,
la rendición de cuentas y la participación
directa de los beneficiarios. Esto implica una mayor
descentralización de los procesos de formulación,
ejecución, seguimiento y evaluación de
la política social. Estos elementos reditúan,
hacen más efectivas y sostenibles las políticas
sociales. Adicionalmente, aseguran la continuidad de
las políticas y la movilización de recursos
humanos y financieros en torno a las mismas.
El cuarto aspecto de la reforma institucional necesaria
en el área de política social, es la
consolidación de los programas sociales ineficientes
y la utilización de instrumentos para la apropiada
focalización de los subsidios públicos
a la población pobre. La implementación
del Sistema Único de Identificación de
Beneficiarios (SIUBEN) ha sido un gran paso de avance
en este sentido, pero todavía falta por derribar
viejas trabas a las reformas necesarias en este aspecto.
Por último, hay que instaurar una cultura de
evaluación de impacto de las políticas
públicas en sentido general. El uso de los recursos
públicos debe tener un resultado objetivamente
cuantificable. No podemos continuar, en un contexto
de restricción de recursos, sin conocer cuáles
han sido los resultados reales de las mismas.
La otra tarea pendiente en el área social es
la profundización de las reformas iniciadas,
algunas en los 90s y otras a principios de la presente
década en los sectores educación, salud
y seguridad social. Estos tres sectores constituyen
la sustancia de toda política social. La educación
y la salud son esenciales para la salida de la pobreza,
mientras que la seguridad social provee las bases de
la protección social necesaria para el manejo
de los riesgos a que está sometida la población.
Desde que amplios sectores de la población
se movilizaran a principios de los 90s para una mejor
educación y se consensuó el Plan Decenal
de Educación, el sistema educativo dominicano
ha avanzado, en términos de cobertura, en particular,
en la educación básica. Pero, hoy tenemos
una tarea pendiente, mejorar la calidad de la educación
dominicana, seguir avanzando en la cobertura en inicial
y media, mejorar la eficiencia de la educación
básica y eliminar el analfabetismo en el país.
El Presidente de la Republica ha lanzado la iniciativa
Foro Presidencial para la Excelencia de la Educación
Dominicana con el objetivo de lograr consensos e implementar
en conjunto actividades que conlleven avanzar en los
desafíos ya planteados.
En salud y seguridad social se cuenta con una novedosa
y compleja reforma que data del año 2001. Se
establece la afiliación universal y obligatoria
de toda la población a un seguro de salud con
prestaciones definidas y estándares sin importar
la capacidad contributiva del usuario al sistema. Este
es un paso de avance hacia un país con mayor
equidad y cohesión social. Sin embargo, a 5
años de implementada dicha reforma se ha avanzado
poco. El Gobierno se ha comprometido a impulsar la
afiliación de la población pobre al régimen
subsidiado y hoy contamos con casi 400,000 afiliados
al seguro familiar de salud. La meta es alcanzar el
millón a finales de la presente gestión
y cubrir alrededor de la mitad de la población
pobre en el país. Hoy el desafió se presenta
en dos vertientes: en mejorar la calidad de los servicios
de salud en el corto plazo para los afiliados al seguro
familiar de salud en el régimen subsidiado;
e iniciar el seguro familiar de salud en el régimen
contributivo. En esta última tarea el Presidente
de la República se ha comprometido directamente
a impulsar los consensos necesarios para que esta gran
conquista de los dominicanos se inicie lo más
rápido posible. Aprovechamos para hacerle un
llamado a todos los sectores envueltos (empresarios
y trabajadores) a comprometerse a que este año
la población dominicana pueda contar con tan
importante beneficio.
Finalmente, es indudable que para avanzar en los aspectos
mencionados, se necesitan mayores recursos: aumentar
el gasto social para acercarlo al promedio de lo que
se gasta en la región. El Gobierno dominicano
se ha comprometido a aumentar en 1% anual el gasto
social y se ha logrado en el presupuesto vigente, a
pesar de las restricciones impuestas por la crisis
económica reciente. El gran desafío será continuar
con dicho aumento para alcanzar el 10% del PIB para
el 2008, el porcentaje mas alto en los últimos
50 anos en la República Dominicana.
Para terminar
El proceso de reforma que planteamos privilegiará en
todo momento un enfoque consensual. Buscaremos afianzar
una aproximación integradora de los intereses
y expectativas de toda la sociedad dominicana, tanto
en el corto como en el mediano y largo plazo, más
allá de los intereses inmediatos de los partidos.
Con este proceso de reforma buscaremos crear una conciencia
social acerca de la necesidad de la reforma, tratando
de que no sea vista como un empeño partidario
para asegurar posiciones sino como un esfuerzo superador
de la sociedad en su conjunto. Se trata pues de una
agenda para la modernización democrática
del país.
Sin embargo, en lo que se concretan estas ídeas
no puede olvidarse que existe todo un entramado de
problemas viejos y otros relativamente nuevos a los
que el Gobierno debe prestar atención inmediata.
Por eso, junto con las reformas enunciadas en los diversos
planos mencionados, el Gobierno está dando prioridad
a la solución efectiva de problemas tales como
el de la sostenibilidad y suficiencia del sector eléctrico
de modo que funcione bien y a costo razonable; también
concretará una solución al tamaño
de la deuda cuasi fiscal, de forma que quede limitada
en su tamaño y sea absorbida gradualmente, entre
otros, mediante mecanismos fiscales y monetarios; de
igual manera enfocará sus esfuerzos a desarrollar
la competitividad sistémica para poder insertar
al aparato productivo exitosamente en el contexto de
los acuerdos comerciales.
Todo esto es vital para alargar la vigencia de una
confianza y credibilidad afortunadamente restablecida,
que es uno de los activos principales de esta administración,
por lo que tenemos el propósito de darle durabilidad
a esta confianza por medio de la ejecución de
políticas públicas coherentes, sanas
y efectivas.
De igual manera se atenderán otras prioridades,
como las de seguridad, educación, salud, seguridad
social, entre otras.
Ahora bien, hay que entender que esta es una agenda
amplia, que no puede ejecutarse en un tiempo corto,
pero la cual tampoco admite dilaciones. Por esa razón,
se requerirá de la comprensión ciudadana
y del apoyo de todos los sectores conscientes para
llevarla a cabo.
De ahí que se estudia la posibilidad de plantear
un pacto entre las fuerzas vivas del país en
materia de la aplicación de políticas
de Estado duraderas que impulsen el desarrollo de la
nación, que tengan que ser ejecutadas con independencia
de quienes ejerzan los gobiernos de turno. Esa es una
idea primordial, que permitiría orientar a la
nación sin exclusiones, apelando al concurso
de todos aquellos, ya sean políticos, empresarios,
trabajadores, estudiantes, ciudadanos, ciudadanas,
que anteponen el interés sagrado del país
a cualquier otra circunstancia.
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