Muy buenos días
Dr. José Luís Machinea, Secretario
Ejecutivo de la CEPAL
Ing. Juan Temistocles Montás, Secretario
Técnico de la Presidencia
Don Nicky Fabianci, Representante del PNUD
y del Sistema de Naciones Unidas en la
República
Dominicana,
Distinguidos panelistas, Integrantes de la mesa de honor,
Señoras y señores,
Amigos todos,
Permítanme en primer término,
en nombre del Gobierno y del pueblo de la República
Dominicana brindar a nuestros invitados la
más cordial bienvenida y que se sientan
plenamente acogidos aquí, en nuestro
país, la República Dominicana.
En segundo lugar, agradecerles su presencia
a ustedes los panelistas y a todos los aquí presentes
porque estoy convencido de que este seminario,
para examinar las políticas de desarrollo
en el contexto de la ejecución de políticas
económicas, cuáles son las experiencias
internacionales y las lecciones aprendidas,
será muy útil para nosotros aquí en
la República Dominicana para seguir
reflexionando acerca de las acciones que tenemos
que emprender en nuestro país y que
nos permita alcanzar, en el horizonte del mediano
y largo plazo, un modelo de desarrollo económico
sostenible.
Y, yo creo, que efectivamente, dado los grandes
cambios que ha habido en la región de
América Latina en los últimos
30 años, y de manera especial, a partir
de los años 90 hay grandes lecciones
que asimilar, grandes lecciones que aprender,
porque ha habido cambios muy notables en lo
que tiene que ver con las teorías, en
lo que tiene que ver con los conceptos, las
visiones para aplicarse en el diseño
de políticas públicas referentes
al desarrollo.
Me parece apropiado y oportuno que este seminario
tenga lugar en la República Dominicana
en un momento en que sólo en el transcurso
de esta semana aquí en la República
Dominicana hemos tenido dos noticias radicalmente
contrastantes.
Por ejemplo, el Banco Central ha dado a conocer
su informe de la economía dominicana
correspondiente a los meses de enero a septiembre
del año 2005, y este informe del Banco
Central de la República Dominicana es
un informe realmente alentador porque empieza
por establecer que en estos primeros nueve
meses del año 2005 la economía
dominicana ha tenido un crecimiento de 7.3%
del Producto Interno Bruto.
Y, que en el último trimestre, de julio
a septiembre, incluso fue hasta mas impresionante
porque el crecimiento del producto fue de 10.3%,
y esto se ha logrado en un marco de reducción
de la inflación, donde por las proyecciones
que ya se tienen para fin de año se
puede pronosticar que serán menos de
dos dígitos, lo que sería un
gran logro para este país que, en el
año 2004, llegó a tener en un
momento hasta un 45% de inflación, con
una disminución de las tasas de interés
y con una estabilidad relativa de la tasa de
cambio.
Por consiguiente pudiera decirse que por las
proyecciones que el Banco Central está realizando
de la economía dominicana hemos cumplido
plenamente lo que ha sido el objetivo del año
2005, cuando se declaró el año
de la recuperación.
Y hablamos del año de la recuperación
porque efectivamente la República Dominicana
venía en caída libre en el período
anterior, y había gran incertidumbre
y había una gran preocupación
de si efectivamente podíamos recuperarlos.
Cuando converso con representantes del Fondo
Monetario Internacional, con representantes
de organismos multilaterales, del Banco Mundial,
del BID y con personalidades del mundo de la
economía internacional todos se sienten
maravillados de como en la República
Dominicana en tan corto tiempo ha logrado dar
un giro y lo que era una crisis severa, profunda,
que generaba desasosiego e inquietudes, generalmente
ya se ve que va en proceso acelerado de recuperación,
y al revés, lo que se ha recuperado
es la confianza y se ha recuperado una cierta
visión optimista acerca del futuro de
nuestro país.
Digo sin embargo, que esto contrasta con los
resultados de una encuesta que también
se publica en esta semana donde, de acuerdo
con los datos publicados, el 65% de los encuestados
alega que el país va por mal camino,
y que no se sienten optimistas respeto del
futuro de la República Dominicana.
Creo que esto es motivo para una gran reflexión
porque cómo se produce esa contradicción
entre una percepción de que se va por
mal camino justamente en el momento en que
los datos indican que se va en un proceso de
recuperación.
Me parece que en el caso dominicano se puede
explicar. Se explica en el sentido justamente
de que la crisis fue tan severa, que de acuerdo
con datos publicados por el PNUD generó un
incremento de un millón 200 mil pobres
adicionales en la República Dominicana.
Cuando usted tiene en un país ya de
por si pobre, una adición de un millón
200 mil pobres más, es evidente que
hay una situación estructural desconfianza
con respeto al futuro.
Evidentemente, aunque realmente ha habido
un proceso de recuperación demostrado
en las estadísticas, no es tiempo suficiente
todavía como para que la gente se sienta
confiada en ese futuro.
De manera que el caso dominicano puede explicarse
como una manera de timing, en que no hay una
conexión entre el período del
proceso de recuperación con la brusca
caída experimentada, más una
situación estructural preestablecida
de pobreza en la República Dominicana.
Pero cuando uno mira la región, cuando
uno mira América Latina en sentido general,
se presenta un panorama análogo al de
la República Dominicana. Consistentemente,
todas las encuestas indican que hay una gran
desilusión de la ciudadanía con
la forma de funcionamiento del sistema democrático
en América Latina.
¿Y porqué la gran desilusión?
Más que con el funcionamiento propiamente
de las instituciones, que siguen siendo frágiles
en muchos lugares, pero más que eso,
tiene que ver con el desempeño económico
y social de los sistemas democráticos.
Lo cual indica que la insatisfacción
de la gente tiene que ver con el hecho de que
los modelos de desarrollo que hemos aplicado
en los distintos países de América
Latina, hasta el momento actual, salvo Chile
como excepción, no han podido dar plena
satisfacción a las aspiraciones, a los
anhelos que tiene la gente de movilidad social
ascendente, y por tanto, de mitigación
y erradicación eventual de la pobreza.
Entonces ahí es donde está,
diría yo, la necesidad de esta reflexión
porque empezando los años 80 en América
Latina hubo una gran euforia, hubo un gran
regocijo colectivo cuando se produjo una transición
de regímenes autoritarios hacia sistemas
democráticos de gobiernos civiles electos.
Y ese gran alborozo continental se debió fundamentalmente
a una gran conquista, al hecho de que los abusos
de poder, de que el autoritarismo fue sustituido
por un régimen plural, respetuoso de
los derechos humanos, de la dignidad de las
personas, y eso es un gran logro, países
con tradiciones autoritarias militaristas,
el que se respetase la libertad individual,
y se concibiese mecanismos constitucionales
para garantizar estados democráticos
de derecho, sin duda alguna que representó un
gran avance.
Pero al poco tiempo esto se olvida porque
se tienen como garantías ya establecidas,
y la gente aspira a nuevos bienes que mejoren
su calidad de vida, y aquí obviamente
es el factor económico, el factor social,
el cultural, el tecnológico, y lo que
hemos visto por esa insatisfacción que
la gente expresa actualmente es que el modelo
de desarrollo vigente no logra satisfacer plenamente
esas aspiraciones de mejoría de calidad
de vida.
¿Y cuál es el modelo de desarrollo
que se ha ido implantando en América
Latina en el proceso post transición
democrática? Ha sido fundamentalmente
el modelo donde se ha dado prioridad a la ortodoxia
de mercado y que de alguna manera se ha identificado
con el modelo neoliberal y ya es evidente,
aun por parte de los propios funcionarios y
técnicos de organismos multilaterales
que en algún momento promovieron este
modelo de desarrollo que requiere de reformas.
Acaban de entregarme un ejemplar que me envía
el profesor Ricardo Ffrench Davis, de este
libro que se titula, Temistocles tiene aquí un
ejemplar, “Reformas para América
Latina después del Fundamentalismo Neoliberal”,
y es interesante porque el profesor Ffrench
Davis es un funcionario de la CEPAL, ha estado
siempre vinculado a la CEPAL, ¿y qué es
lo que él plantea?, que en esta etapa
de lo que se requiere es de reformar las reformas,
se está claro ya que el modelo de reformas
de mercados introducidas a partir de los años
90, con la tesis de Jhon Williamson, del consejo
de Washington, hoy día no garantizan
el desarrollo económico de nuestros
pueblos.
¿Pero porqué se llegó a
plantear la reforma de los años 90,
la reforma donde se le concedía al mercado
un rol prioritario que no estaba en el modelo
anterior?, por la sencilla razón de
que el modelo de desarrollo previo al modelo
de mercado, que de alguna manera viene a conocerse
en América Latina en la post Segunda
Guerra Mundial, y donde la CEPAL jugó un
gran papel en promoverlo con las tesis que
se venían elaborando desde su centro,
sea un modelo donde el Estado juegue un eje
central en la articulación de las políticas
públicas y que debemos reconocer fue
sumamente exitoso desde los años 40,
a finales de los 40`s, toda la década
de los 50´s y los 60´s hasta los
70, ese modelo concebido por la CEPAL de promover
el desarrollo industrial de los países
de América Latina con un proceso de
urbanización, fundamentado el papel
central del Estado como eje articulador del
desarrollo, jugó un papel clave en la
transición de las economías latinoamericanas,
de economías agro exportadoras o primarias
exportadoras, en algunos casos, hacia economías
originalmente industrializadas con un modelo
de sustitución de importaciones, jugó su
papel.
Lo que ocurre es que a partir de los años
70, cuando empieza la cuadruplicación
de los precios del petróleo y se modifica
el escenario de la economía mundial,
este modelo empieza a entrar en crisis, y lo
que ha ocurrido es que cuando el modelo entra
en crisis, y sobre todo en países como
Argentina, en los países del Cono Sur
en sentido general; Bolivia fue un caso dramático,
problemas de déficit fiscal, problemas
de hiperinflación, problemas de déficit
presupuestario que se traducían en una
disminución de la calidad de vida de
la población generando crisis políticas,
porque también se dio el hecho de que
este problema de desajuste estructural de la
economía, de desestabilización
macroeconómica, se dio también
en regímenes militares, porque eran
los militares los que estaban en Argentina
cuando se dio la hiperinflación y el
déficit fiscal y se generó todo
este problema que motivó entonces la
búsqueda de un modelo de desarrollo
alternativo que ha sido precisamente el llamado
modelo del consenso de Washington, que a su
vez, cuando uno lo mira desapasionadamente
y trata de no ideologizarlo ha tenido también
sus virtudes, porque en primer lugar, permitió la
recuperación de la estabilidad macroeconómica
que se había perdido ya en la fase final
del modelo estatista, desarrollista, porque
permitió poner en evidencia que había
que corregir el déficit fiscal, que
se necesitaba tener presupuestos no deficitarios,
porque redujo la hiperinflación, porque
permitió la estabilidad de la moneda
nacional, es decir, tuvo sus virtudes.
Pero hoy día, hasta el propio Williamson
ha reconocido que tuvo un gran defecto, y el
gran defecto fue que no pensó en el
diseño y aplicación de políticas
sociales, que su modelo simple y llanamente
fue el cómo garantizar la vuelta a la
estabilidad y cómo eliminar los déficit
fiscales y la hiperinflación; es decir,
estaba pensando en los problemas macroeconómicos,
que son importantes, que son vitales, que son
la premisa para cualquier modelo de desarrollo,
pero que hoy sabemos que todo eso resulta insuficiente.
Y es en la insuficiencia de no haber concebido
una política social, conjuntamente con
otorgarle al rol del mercado el papel de distribuidor
y otorgador, digamos, de los factores productivos,
es lo que ha motivado ya en el ámbito
social esta desafección que existe con
el modelo.
Lecciones aprendidas en este caso, yo diría,
la lección aprendida es que se ha pasado
de un extremo al otro, se pasó del extremo
donde el desarrollo descansaba fundamentalmente
en el rol protagónico del Estado al
otro extremo, donde el modelo de desarrollo
tenía que descansar en el rol protagónico
del mercado.
Y al haberse pasado de un extremo al otro,
sin duda alguna que no nos hemos podido encontrar
en América Latina con un modelo de desarrollo
que pueda efectivamente garantizar el crecimiento
económico sostenido con una situación
de equidad social.
Y es ese equilibrio lo que hoy día
le falta a la República Dominicana y
le cabe el resto a América Latina, un
modelo económico que garantice tasas
de crecimiento permanente, hasta llegar a una
situación de desarrollo humano sostenible,
pero que reduzca la pobreza y que genere una
situación de equidad social.
Hoy sabemos que no podemos volver al modelo
estatista, desarrollista post Segunda Guerra
Mundial; también sabemos que no podemos
continuar con el modelo del consenso de Washington,
que hay que hacer lo que sugiere el profesor
fFrench Davis, hay que reformar las reformas.
¿Y qué es lo que habría
que hacer para reformar las reformas? tener
un sentido de equilibrio, equilibrio en este
caso quiere decir que hay que establecer el
balance entre Estado y mercado, que el mercado
seguirá siendo dentro de un sistema
capitalista, el principal mecanismo de asignación
de recursos dentro de una economía.
Pero que el mercado es el peor agente redistributivo
que puede haber en una economía porque
el mercado siempre partirá de una situación
desigual; en un sistema democrático
los ciudadanos son iguales, pero en un sistema
capitalista, en los factores de producción
se parte en principios de desigualdad.
Por consiguiente, es al Estado el que le corresponderá asegurar
el rol de redistribución de la riqueza
que genere el mercado y yo que creo que es
exactamente en este punto donde nos encontramos,
que políticamente nos podemos definir,
en el sentido de que hay que buscar un modelo
que sea post populista y que sea post neoliberal.
¿Y cuál será ese modelo
post populista y post neoliberal? Esa es la
búsqueda y la reflexión en la
que todos nos encontramos en este momento,
sabemos lo que no debe ser, ahora estamos tratando
de identificar lo que deber ser, aunque ya
tenemos un criterio de que lo que debe ser
es una combinación balanceada entre
Estado y mercado.
Es en esa línea de pensamiento por
donde debemos marchar y, claro, con muchas
lecciones aprendidas en el camino. En primer
lugar yo creo que para un país como
la República Dominicana se debe ser
siempre crítico y cauteloso en la aplicación
de las recetas que nos vienen de fuera, ¿por
qué razón? porque con el tiempo
se ve que hay muchas correcciones que hacer.
Bueno, no quiero ser crítico con algunos
de los que se encuentran aquí, pero
yo pienso que cuando uno examina con espíritu
crítico lo que ha sido la historia de
los últimos 30 años yo pienso
que la cautela es fundamental.
Cuando se nos dice privatizar, puede ser interesante;
en el caso nuestro, de la República
Dominicana, lo asumimos por una razón
de necesidad, pero usted coge Molinos Dominicanos,
lo subsidiamos o lo convertimos en una empresa
rentable, yo creo que eso era criterio pero
no por filosofía.
Lo que nos indujo a nosotros a un proceso
de capitalización no fue un problema
filosófico, fue un problema de necesidad
y yo pienso que cada país y cada quien
tendrá que asumir medidas en función
de su realidad concreta.
Entonces, hasta los propios organismos internacionales
se plantean una reflexión crítica
de lo que ha sido el proceso de privatización
y se reconoce que ha habido fallas en el proceso
de privatización en América Latina,
fallas que tienen que ver con la transparencia
y fallas operativas y fallas en no haber calculado
con anticipación compensaciones sociales
a los trabajadores, como consecuencia de proyectos
de privatización.
Entonces, cuando hoy día se ve en la
literatura científica de los organismos
internacionales esta reflexión crítica
de lo que se promovió desde los propios
organismos yo digo, la lección es tener
cautela; cuando se nos diga algo, cuando se
nos plantee algo en el plano nacional, no asumirlo
como la panacea sino asumirlo como una propuesta,
una sugerencia, una recomendación que
tiene que ser examinada dentro del contexto
de nuestra realidad nacional, y saber si lo
podemos asumir o no.
Yo pienso, pues, que este seminario nos presentará muchas
claves justamente para entender qué es
lo que ha ocurrido en la región, en
América Latina, con respecto a las políticas
de desarrollo, las políticas económicas
que se han implementado en los últimos
años.
Chile es un gran modelo para ser estudiado,
porque Chile sí lo ha logrado, y lo
empezó a lograr, interesante, dentro
de un modelo político autoritario porque
la concertación en el fondo en lo que
tiene que ver con política económica
heredó lo que ya se venía haciendo
y lo que ha hecho es profundizarlo y llevarlo
a un plano superior.
Pero de hecho, la matriz del modelo de desarrollo
económico que hoy día se tiene
en Chile, que es exitoso y se presenta como
el gran paradigma a ser emulado, se erigió en
un régimen autoritario; entonces parece
que no siempre coincide un modelo democrático
con un esquema de desarrollo económico
y social.
Y aquí también podría
verse si en el caso de Chile, ese éxito
también ha tenido que ver con que dentro
de un sistema democrático se ha construido
una mayoría política estable
que ha garantizado en el tiempo la continuidad
de unas políticas exitosas que pueden
ser interrumpidas en otros países por
el ciclo electoral, que interrumpe muchas veces
los criterios y los diseños de políticas.
En fin, yo me siento particularmente entusiasta
de que este seminario se celebre en la República
Dominicana en estos días que tenemos
informes tan contrastantes como el de la indicación
de recuperación económica como
lo presenta el Banco Central y la desilusión
y el pesimismo que de mi, y de algunos núcleos
de la población dominicana se tiene,
acerca del futuro nacional.
Estaré muy atento a los resultados
de este seminario, muy interesado en darle
seguimiento porque yo sé que de aquí saldrán
los conceptos, los criterios que nos servirán
a nosotros para entender mejor la realidad
dominicana y a partir de esa mejor comprensión
saber cómo podemos transformar la República
Dominicana para hacerlo un país más
justo, más solidario y más equitativo.
Muchas gracias.
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